Se me ha brindado la oportunidad de probar la pizza de verdad, de asegurarme de que el panetone era tan grande y tan lleno de fruta confitada como el que había visto en España.

Estos meses he tenido la ocasión de “imparare il mio italiano”, de conocer gente de todas partes del mundo y de aprender en otro sistema universitario.

He podido pasear por Montenapoleone, viendo como los japoneses salen de Dior o de Iceberg como quien sale de Zara, cargando bolsas enormes. He visto el lujo desmesurado por “Via La Espiga contrarestado con la pobreza (todavía más desmesurada) de las entrañas del metro milanés.

He contemplado casi cada día la grandeza del Duomo y la buena pareja que hace con las Galerías Victorio Emmanuele.

Y entre toda mi admiración, sorpresa y curiosidad por esta nueva ciudad, que en estos meses he hecho mia, he decubierto la escasez de creatividad en la publicidad italiana. Sobre todo la audiovisual.

Aunque las campañas internacionales que veo mientras espero el metro no se diferencian de las que vemos en España, cuando llego a casa y enciendo la televisión, una ráfaga de mal gusto prehistórico invade mi salón. No existe la innovación, la creatividad, no existe ni si quiera el mensaje. Y no es que esta falta de creatividad se contrarreste con un gran diseño o una espectacular dirección de arte, (cosa que sería de esperar en la capital europea del diseño), sino que esto es también inapreciable.

Por esto, como publicista en potencia, y enamorada de Italia, me gustaría que alguien más docto en la materia me consolase con alguna explicación razonable, o quizás otras opiniones me contradigan y me hagan ver que “no son tan malos” estos spots.


http://www.youtube.com/watch?v=3Hyw8CWO9io